Piensa en temperatura táctil y recuerdo emocional. Una alfombra lavable ancla el salón, cortinas pesadas calman el eco y un cuadro heredado inicia conversación. Limita la paleta a dos tonos base y uno acento; el resto, texturas que invitan a tocar.
Un difusor con notas cítricas para activar mañanas, otro amaderado para noches, y una alfombra que atenúe frecuencias convierten el espacio en refugio. Plantas purificadoras, textiles transpirables y ventilación cruzada sostienen bienestar. Tu casa olerá a decisiones conscientes, no a pintura fresca.